domingo, 19 de octubre de 2014
Segundo capítulo. La mujer
Normalmente, una persona empieza a tener memoria a los 4-5 años. El momento perfecto para poder contaros lo que pasó, aunque no puedo detallaros mucho.
Mi hermano y yo estábamos jugando en el jardín (nuestra casa era bastante grande), y de repente, mamá nos llamó entre sollozos. Sabía que pasaba algo malo. Que mamá llorase no era normal. Ella era una mujer fuerte, simpática, que siempre sonreía. Y verla llorar, más que nada porque era mi madre, me rompía el corazón.
Entramos en la casa. Estábamos manchados de barro, pero no importaba. Las duchas de mamá eran lo mejor.
Unos hombres robustos y firmes permanecían en el portal de nuestra casa, mientras una mujer, de pelo negro y ojos claros, hablaba con papá. Papá estaba a punto de llorar con lo que le decía la mujer, pero él era muy fuerte. No entendía bien lo que estaba pasando, pero no me gustaba ni un pelo.
Entonces, en menos de unos segundos, los hombres tenían a mi hermano, que no se resistía, no sabía lo que estaba pasando. Pero no entendía por qué mis padres no intentaban evitarlo. Sólo lloraban y veían como se llevaban a su hijo, de 9 meses mayor que yo, con solo 5 años.
Hasta que después de 7 años, lo entendí perfectamente.
viernes, 17 de octubre de 2014
Primer capítulo. Sam
Y le vi, con sus enormes ojos negros, observando cada punto de mi cuerpo, cada detalle, recordando aquellos inolvidables momentos de la infancia.
Y se acercó a mí, después de 12 años lo único que se le ocurre decir es: "Hola"
Le contesto, y él se queda callado. Han sido doce años. Desde que me mudé todo ha cambiado, mis amigos, mi casa, mi vida. Ya no le recordaba, pero sí recordaba a aquel niño, al que cuidaban mis padres, llamado Ed, que decía que era mi hermano, al que cogieron y apartaron de mí a los 5 años. Había mucho que contar. Quién era su familia, sus amigos, donde vive, qué hacía, dónde estudiaba.
Él era una copia de mí, teníamos los ojos igual de negros, y grandes, y el pelo rubio, similar al color del trigo, y liso. No sé quién sería más guapo (bueno, yo guapa) de los dos, pero de lo que estaba segura es que aquella chica que dejó atrás para saludarme, era su novia. Aquella chica con el pelo negro y los ojos azules. Yo, sin embargo, acababa de salir de una relación muy... dolorosa.
Y, después de todo lo que ha pasado, sólo se le ocurre decirme "Hola". Ni un abrazo ni nada, "Hola".
Me llamo Samantha, pero podéis llamarme Sam. Y esta es mi historia:
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